Jazz sin fronteras

Del 25 de abril al 5 de mayo, 175 músicos, artistas y portadores de conocimiento fueron protagonistas en el pabellón de intercambio cultural. Es la primera vez que una delegación oficial, o representación colombiana, debuta en este legendario evento. Mis pasos fascinados me arrastraron hasta ese santuario de la música. Era una deuda con mi existencia. Efluvios de un festival auténtico y feliz.

Hay vida en el Mississippi

Mark Twain

Por Cony Quiróz*

Especial para Tercera Órbita

Llegando a la cuna del jazz

Atravesar el sur de los Estados Unidos en bus desde Texas hasta Lousiana, ha significado uno de los momentos más emocionantes en mi travesía por este país, en parte porque se puede cumplir lo que sueñas, y en otro sentido, porque hacerlo sola es aun más emocionante. Lo expreso así porque hace algunos años estando a punto de cumplirlo, decidí posponer la cita y visualizarla para cuando pudiera hacerlo con la mochila más liviana. Así que este sería el momento esperado, y así fue, pues cuando viajas, sabes cuándo seguir y detenerte, y cuando aparecen las fuerzas ocultas que te guían.

Salí de Houston en una mañana lluviosa con amenaza de tormenta, afortunadamente mi amigo opita, Juan Guillermo Silva, me abrigó y me despidió con su cálida hospitalidad. Ya en el bus, parecía que surfeábamos la tormenta que amenazaba con romper el techo como una densa capa de asfalto, del que, sin duda alguna, estaba huyendo.

 

Antes de llegar a New Orleans es obligatorio el paso por Baton Rouge, la capital del Lousiana, atravesada por el delta del Mississippi y los secretos de sus aguas; es como una antesala para ingresar a New Orleans, la gran cuna del Jazz, reconocida mundialmente por sus festivales y celebraciones alrededor de esa música primigenia que abrió la exclusas para la modernidad sonora.  

Vapor sobre el río Mississippi.

New Orleans es conocida como la ciudad del vudú por tener una estrecha relación con esta religión y práctica espiritual originaria de África, de la cual muchos locales y foráneos profesan devoción. Allí se encuentra el Museo del Vudú, que cuenta las tradiciones y prácticas con tours guiados y eventos culturales que exploran esta fascinante tradición religiosa y espiritual, este componente envuelve a la ciudad en un halo de misterio y misticismo que se derrama en su folclore particular.

También es recordada por El Barrio Francés, uno de los más antiguos y emblemáticos que desborda belleza con su arquitectura de tradición colonial, sus calles empedradas y su vibrante vida nocturna que proporcionan identidad y autenticidad a esta urbe.   

Caminar por sus calles es sumergirse en un viaje hacia el pasado. Movilizarse en el tranvía más viejo del mundo y escuchar trombones, tubas y clarinetes por las avenidas y rincones callejeros es una alucinación musical, una especie de trance hipnótico del que no se quiere salir.

Monumento a los inmigrantes.

Pero los días del viaje eran pocos y había que seguir la travesía por la ciudad hasta llegar al Riverfront o Riverwalk para caminar a la orilla del río Mississippi, ubicado al lado este del Barrio Francés, y contemplar el monumento de los inmigrantes, el crucero que a diario transporta viajeros y sus aguas marrones cargadas de deseo; me sentí una inmigrante más, y con ello la extraña y a la vez fascinante sensación de dejarlo todo y ser una tripulante extraviada en busca de la anhelada libertad, la aventura, la amistad, y/o sencillamente sublimar la sensación de estar viva para conocer el mundo.

Las aguas del río evocaron las inolvidables Aventuras de Tom Sawyer y Huckleberry Finn del grandioso Mark Twain, quien navegó con sus letras sobre la insondable inmensidad de este río. Sin dejar de lado el río, hay que reconocer la estrecha relación con el Festival de Jazz de New Orleans, por inspirar a varios músicos de jazz, soul y góspel; sus tumultuosas aguas y su flujo constante han sido comparados con la improvisación y el ritmo del jazz. Además de convocar a la unión de locales y foráneos en pro de celebrar la fantasía de vivir y disfrutar de la música a las orillas del río, en esencia, el río Mississippi conecta el presente con la herencia cultural propia del fascinante sur de los Estados Unidos.

Música en tarima

Para esta versión del festival (2024), denominado New Orleans Jazz y Heritage Festival, se contó con la presencia de Colombia como país invitado de honor, trajeron consigo el sabor, el color, la cumbia y el son de mi tierra. Así, desde el corazón de América del Sur hasta las orillas del río Mississippi, los músicos colombianos junto a los estadounidenses, africanos y de diversas latitudes, cautivaron al público con su vibrante energía y talento, y en mi caso particular, hicieron de este viaje musical uno de los más memorables de mi existencia.  

 

 

Durante dos fines de semana, del 25 al 28 de abril y del 2 al 5 de mayo, New Orleans se vistió de gala para deleitar a miles de fanáticos venidos de todos los rincones de la galaxia. Algunos de los músicos y bandas colombianas que acompañaron esta versión del festival fueron: Gregorio Uribe, Rancho Aparte, Agrupación Changó, Joaquín Pérez y su Herencia Ancestral, Kombilesa y los Cumbia Stars, Bomba Estéreo, Gaita loop, Batámbora, Jacobo Vélez y la Mambanegra, el Grupo Niche, y por supuesto artistas de mi terruño, como Lucio Feuillet y Daira Benavides, a quien tuve el privilegio de abrazar y agradecer por llevar el Carnaval de Blancos y Negros de Pasto al sur de Estados Unidos, en esencia, dos sures que se abrazan y que resisten.

Visitantes y gráfica colombiana.

Colombia fue reconocida como la potencia cultural de América Latina, por llevar al festival la diversidad de ritmos que nos hacen vibrar al mejor estilo tropical; con salsa, cumbia, champeta, vallenato, chirimía y currulao. Las presentaciones se realizaron en 14 escenarios del festival, con desfiles diarios en honor a las tradiciones del país, junto a artesanos indígenas y afrocolombianos, y una deliciosa representación de la cocina tradicional colombiana.

También se presentaron artistas de otros géneros que han bebido de las aguas de esta maravillosa cultura: The Rolling Stones, Samantha Fish, Cimafunk, Brass-A-Holics, Stephen Marley, The Dirty Dozen Brass Band, Trumpet Mafia, Anderson Paak, Foo Fighters, Hozier, The soul Rebels, entre otras bandas que jamás había escuchado, y cuyas armonías me arrancaron hasta las lágrimas más profundas que quizás había guardado para esta ocasión.

El río Mississippi es testigo anual de la sinfonía y la pasión que caracteriza a los músicos que acompañan el festival, mis pasos resonaron por las calles junto a la alegría de la gente, y de los músicos, cuya labor es trascender fronteras y conectar corazones. La música es un puente que conecta a las culturas con fronteras invisibles.

Durante el festival, las calles de New Orleans se llenan de música en vivo, con bandas y músicos tocando en esquinas, plazas y parques de la ciudad. Desde grupos de jazz tradicional hasta bandas de funk, blues y música latina; hay una variedad de estilos musicales para disfrutar. Se organizan desfiles llevando consigo el espíritu festivo del evento. Artistas callejeros y vendedores ambulantes ofrecen una variedad de productos locales y souvenirs. Puestos de comida y bebida disponen de una oferta de platos y especialidades locales, desde mariscos frescos hasta platos criollos y cajún. Algunos que pude probar fue el gumbo: un guiso espeso hecho con una mezcla de carne (pollo, salchicha ahumada, mariscos o conejo), vegetales (cebolla, apio y pimientos) y un caldo oscuro y espeso servido sobre arroz. Jambalaya: Similar al gumbo pero con arroz cocido en el mismo guiso, es otro plato icónico de Nueva Orleans, suele contener una mezcla de carne (pollo, salchicha, camarones o jamón), verduras y especias. Y mi preferido, po’boy: un sándwich tradicional hecho con pan francés crujiente y relleno con una variedad de ingredientes como camarones fritos, ostras, carne asada o carne fría, se sirve con aderezos como mayonesa, lechuga, tomate y pepinillos.

Coda

La verdad es que hay que visitar al menos una vez en la vida esta ciudad, y ojalá durante el Festival de Jazz, donde la música, la comida y la cultura se combinan para crear una experiencia única y memorable para los sentidos. Para terminar, hablaré de la famosa Calle Bourbon, que es conocida como el corazón del Barrio Francés, donde se extiende la influencia del jazz y la música en general. En esa calle conocí a Nethan, un chico de 17 años quien me mostró la ciudad imaginada de forma real y alucinada, a él y su tío, muchas gracias por la guía y el cuidado. Me quedo con el vibrante recuerdo de la brass band callejera que nunca paró de sonreír mientras tocaba what´s going on.

* Licenciada en Español y Literatura y Magister en Estudios de la Cultura y Literatura Hispanoamericana de la Universidad Andina de Ecuador. Ha sido docente y promotora de lectura en diferentes regiones de Colombia con el Ministerio de Cultura, Ministerio de Educación y la Biblioteca Nacional de Colombia. Es viajera, actualmente recorre Estados Unidos e imparte clases online de español a extranjeros.

Fotos: Cony Quiróz.

5 thoughts on “Jazz sin fronteras”

  1. Gracias Miss Cony por su expression y detalle en este escrito, admiración y el deseo de que en su camino se siga disfrutando cada momento de su caminar.

  2. Lo leí sintiendo estar disfrutando de la música, los lugares y la deliciosa comida que describes. Lo pondré en mis viajes pendientes obligados..

  3. Emocionante artículo del evento Cony, desde el sur de Colombia un abrazo grande a la distancia con la gran alegría de esta bonita experiencia que alegra tu corazón y los nuestros. Te queremos mucho. =)

  4. Oh qué descripción de la experiencia de tu viaje, una mirada maravillosa Cony la emoción de todos los sentidos del festival de jazz , gracias por compartir tu viaje. Un abrazo grandote.

  5. La estas haciendo mi querida Conny Quiroz, deja huella en lo más recóndito, tú tienes magia escencia y vida. Te amo…

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